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Estos pueblos no nacen de un plano arquitectónico ni de un simple estudio de mercado; nacen de un romance. Para que un Reino de México cobre vida, primero debe ocurrir un enamoramiento. El proceso consiste en elegir a una Madre dentro de tierras mexicanas y a un Padre, un pueblo de inspiración que viva en el viejo continente.

Ambos deben compartir una esencia que involucra similitudes geográficas, complicidad en el clima, bondades culturales y una misma pasión por ser la atmósfera de experiencias únicas. Cuando estos amantes se encuentran y se fusionan, dan a luz a un hijo: un nuevo Reino de México.

El origen de la Hermandad.

El Primer Hijo: Val’Quirico

  • El Padre: Valle de San Quirico en La Toscana italiana.
  • La Madre: El suelo ancestral de Tlaxcala.

El primer romance comenzó en el centro del país. De un lado, el padre aportó la memoria de la campiña europea de San Quirico y Pedraza, el recuerdo de los muros de piedra medievales que han resistido siglos, y el amor por las plazas públicas donde la comunidad se reúne a celebrar la vida. Del otro lado, la madre tlaxcalteca ofreció su cielo limpio, sus mañanas frescas y la herencia de un Imperio.

El resultado fue Val’Quirico. Un hijo que heredó la gallardía de las construcciones europeas, pero con muros hechos por manos mexicanas, materiales locales y la calidez de la hospitalidad que caracteriza a nuestra gente. 

El Segundo Hijo: Sassi del Valle

  • El Padre: Matera, en el sur de Italia.
  • La Madre: El místico Valle de Guadalupe, en Baja California.

El segundo nacimiento nos lleva al norte, a una tierra donde el sol abraza los campos y la brisa marina esculpe el paisaje. Aquí, el padre elegido fue Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, famosa por sus viviendas excavadas en la roca caliza, donde la arquitectura emerge de la piedra misma como si fuera parte de la montaña. La madre no podía ser otra que el Valle de Guadalupe, una tierra bendecida por el clima mediterráneo, famosa por sus olivares y sus viñedos indomables.

¿Qué comparten? La complicidad del clima mediterráneo, la resistencia a la aridez, la cultura del vino y el respeto por el relieve de la tierra. De esta unión nació Sassi del Valle. Este hijo refleja la estructura pétrea y el misticismo italiano de Matera, pero se alimenta de la savia de las vides bajacalifornianas. Es un reino donde la piedra europea rinde culto al vino mexicano.

El Mestizaje del Futuro

Este concepto de «mestizaje arquitectónico» creado por los Reinos de México nos recuerda que la identidad no es estática, Los Reinos no son copias artificiales de Europa; son hijos legítimos de un mestizaje moderno.

Cada vez que caminas por sus calles, no estás visitando un parque temático; estás atestiguando el crecimiento de un hijo que honra el legado de su padre europeo, pero que lleva con orgullo, en el corazón y en la piel, el espíritu eterno de su madre mexicana.

Pronto hablaremos del tercer hijo….Porque esa historia está en el encanto del proceso de  cortejo.

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